lunes, 4 de agosto de 2008

EL VIOLIN

Nosotros somos en muchas ocasiones como un viejo violin, estropeado, y nos falta incluso alguna cuerda.
somos... un instrumento flojo y ademas con frecuencia desafinado.
Si intentamos tocar algo serio en la vida, sale eso...unos ruidos faltos de armonía.
Y al final cada vez que hacemos algo, necesitamos cada vez pasar nuestro agujereado sombrero; necesitamos aplausos consideraciones, alabanza...
Nos alimentamos de esas cosas, y si los que nos rodean no nos hechan mucho nos sentimos defraudados; viene el pesimismo. en el mejor de los casos se cumple el refrán:"quién se alimenta de mi dajas anda siempre hambriento": no acaba de llenarnos profundamente las cosas.
Qué diferencian cuando dejemos que ese gran compositor Dios, nos afine , nos arregle, ponga esa cuerda que falta y dejemos !que él toque!.
También en nuestra vida terrena existen violinistas que nos pueden afinar: un amigo, un compañero, un maestro, un desconocido o cualquier persona de la que podamos obtener conocimientos, un consejo, un buena idea, una corrección fraterna, y quedaremos sorprendidos de las posibilidades que había encerradas en nuestra vida. Comprobamos que nuestra vida es bella y grandiosa cuanto, que somos instrumentos perfectibles y, si nos proponemos en ser mejores, lucharesmos constante e incansablemente en ser un violín cada vez más afinado.
"En la vida hay tres cosas que son irrecuperables : la palabra pronunciada, la vida pasada. la oportunidad perdida".


Se cuenta que con un viejo violín, un pobre hombre se ganaba la vida iba por los pueblos, comenzaba a tocar y la gente se reunía a su al rededor. Tocaba y la final pasaba entre la concurrencia un agujereado sombrero con la esperanza que algún día se llenara.
cierto día comentzó a tocar como solía, se reunió la gente, y salió lo de costumbre: unos ruidos más o menos armoniosos.
No daba para más ni el violín ni el violinista y acertó a pasar por allí un famoso compositor y virtuoso del violin. Se acercó tambien al grupo y al final le dejaron entre las manos el instrumento. Con una mirada valoró las posibilidades, lo afinó lo preparó... y tocó una pieza asombrosamente bella. El mismo dueño estaba perplejo y lleno de asombro.
Iba de un lado para otro diciendo:-¿Es mi violín ...?,¿Es mi violín? Nunca pensó que aquellas viejas cuerdas encerraran tantas posibilidades. No es dificil que cada uno de nosotros profundizando un poco en si mismo, reconozca que no está rindiendo al máximo de sus posibilidades.



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